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Nosotros servimos con nuestros hermanos y hermanas indÃgenas del campo y de la Ciudad más grande del mundo desde el Seminario Bautista de México.
En este nuevo siglo, y con la tradición de 56 años de labor formativa y pastoral, el Seminario Bautista de México promueve entre los indÃgenas:
Una formación profética que fortalece a los grupos más sufridos y confronta las fuentes del dolor humano.
Una espiritualidad comprometida con Dios y con el prójimo.
Una fraternidad que enlaza fuerzas y energÃas para defender la vida.
Unos ministerios urbanos y rurales que ayudan a construir un mundo de respeto mutuo, sin desventajas ni competencias.
Estos pilares sostienen el trabajo formativo y el acompañamiento pastoral a los lÃderes, iglesias y comunidades indÃgenas de México.
TESTIMONIO DE AMANDO RUIZ PELÃEZ
Uno de nuestros alumnos del programa de licenciatura es un joven indÃgena de 24 años, originario de las montañas de Guerrero. Este destaca en nuestro seminario por su carácter integro, inteligencia superior, discernimiento consciente y compromiso con su gente. Su vida es una inspiración, y por eso, queremos compartirla con ustedes.
Entendiendo la realidad de su zona, tú ves de donde nace su fuerza.
Su sierra es brava y brava también ha sido su etnia. A los atropellos de los poderes represivos del estado, muchos de los indÃgenas de su zona han respondido con la fuerza indomable de indios feroces. (Reconstruir la guerra sucia (desaparecidos, torturados) y la resistencia de Lucio Cabañas y Génaro Vázquez, y la actual presencia del EPR). La participación de su familia (sus cuñados, su hermano director de la escuela primaria) en las luchas de resistencia.
Sus montañas sufren la pobreza más aguda del paÃs. Los cultivos de maÃz y otros granos básicos permiten que las familias coman tortillas y frijoles, pero el hambre y la desnutrición son problemas agudos. La agricultura de subsistencia no da, motivo por el cual las familias compensan con el trabajo migratorio, y muchos han optado por sembrar la amapola y marijuana. Los hermanos de Amando salieron a la ciudad a trabajar en el oro para apoyarse y apoyar a sus padres en el pueblo.
Su zona es compartida por varios grupos étnicos, un gran número de ellos monolingües. La sociedad mestiza ha etiquetado de sus rasgos culturales, y asà su exclusión ha quedado justificada. Su gente sufre la imposición de una imagen falsa de inferioridad, y una presión a la integración por medio de la aniquilación de la diferenciación étnica. La mamá no hablaba el español, ni él bien.
Para este joven la educación ha sido central.
Su familia siempre lo estimuló al estudio. Le decÃan si estudias y obtienes mejores niveles académicos tendrás una mejor vida y una mejor posición en la sociedad; serás y te tratarán como una persona digna; nadie te tratará como si fueras un objeto, ni te maltratará, ni te tildará de ignorante, ni buscará exterminarte. Los papás de Amando no buscaron una mejor vida para ellos, pero la procuraron la mejor para sus hijos. Dice Amando, “ese valor tan fuerte que mis papás dieron a la educación quizá era su anhelo de una realidad más justaâ€.
Él cursó la primaria en la cabecera municipal de su región. Para llegar a la escuela caminaba 2½ horas de ida, y lo mismo de regreso a su casa. A veces con hambre, otras con frÃo o calor, y en muchas ocasiones con miedo, Amando siguió yendo a la primaria, donde aprendió a leer y escribir el español y hacer cuentas con números. Con indignación, el recuerda que a pesar de que sus papás hacÃan miles de sacrificios para que él estudiara, en la escuela los maestros etiquetaban a sus padres indÃgenas como flojos.
Cuando terminó la primaria no pudo seguir estudiando, porque su familia no podÃa pagar sus estudios. Después de un tiempo, su hermana se lo llevó a vivir con ella a la cabecera municipal para que estudiara la secundaria. El eco de sus palabras resonaban su mente: Amando tú tienes que estudiar porque alguien de la familia tiene que tener una profesión, y ese eres tú. Académicamente, el chamaco destacó como el mejor estudiante de la clase, concursó para becas regionales, y las ganó de volada. En su graduación de la secundaria fue el abanderado, un honor que sólo tiene el mejor alumno.
Cristo alentó un sueño.
Acabando la secundaria, salió a la gran ciudad, donde vivÃan sus hermanos cristianos, a estudiar. Su objetivo era estudiar la preparatoria. Pero no le fue fácil el estudio, porque para ese tiempo él sabÃa muy poco español, y además tenÃa que estudiar, pero también que trabajar como albañil y artesano del oro.
Sin embargo, su gran fuerza era la que halló en Cristo. Un pastor bautista de la ciudad, amigo de uno de sus hermanos, le compartió el mensaje, y él entendió y abrió su corazón. De modo que en la gran ciudad, además, de la escuela y la chamba, el templo formó parte esencial de su vida. En una ocasión, participando de una reunión de pastores, Dios tocó su corazón para ser pastor. Su miedo atroz a hablar en público hacÃa que se cuestionase si esa debÃa ser su vocación. Él decÃa como voy a predicar. También titubeó mucho porque él querÃa ser ingeniero. Fue la repentina muerte de su mamá lo que hizo que diera el paso decisivo de finalmente entrar al seminario. Su muerte lo concientizó de que la vida puede acabar rápido, de que la vida es una sola oportunidad, de que hay que aprovechar el momento, y responder luchando por mejorar el mundo, porque si uno no interviene la vida empeora.
Amando dice que antes para él la educación era una empresa para triunfar sobre los otros, una actividad sin un sueño. Sin embargo, habiéndose encontrado con Cristo y sintiendo suyo el quebranto de su pueblo, él ahora ve sus estudios en el seminario como una educación que suena. Amando sueña con volver a su pueblo, y desde su gente, como uno de ellos ser fermento que leude la masa. Él sueña con abrir una obra Cristiana en su zona, donde no hay iglesia evangélica, y desde este ministerio...
Traer oportunidades de desarrollo a su zona para que su gente no sufra hambre ni tenga que sembrar el veneno de la droga.
Levantar la dignidad y la fuerza de su gente, haciéndoles ver que ellos no son inferiores, y que aunque otros les hayan atropellado para excluirlos o exterminarlos, en ellos está la imagen Dios.
Proclamar que Jesucristo es el Señor, y que Él quiere ser dueño de su pueblo.
Nosotros queremos que se materialice que nuestra educación teológica inspiró en Amando. Regresando a México, buscaremos la forma de acompañarlo, y te invitamos a que vengas con nosotros a hacer estos sueños una realidad. Tú puedes orar y darte tú y tus dones. Ven con nosotros, y ayudamos a hacer este sueño posible.
