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Alma y Ramon con la maquina de coser
Sin Embargo, gracias a Dios que en Cristo siempre nos lleva triunfantes y, por medio de nosotros, esparce por todas partes la fragancia de su conocimiento. Porque para Dios nosotros somos el aroma de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden. Para estos somos olor de muerte que los lleva a la muerte; para aquellos, olor de vida que los lleva a la vida. Y quien es competente para semejante tarea? 2da Corintios 2.14-16 NVI
Y dicen que es peligroso en Mexico...
Como mucho de ustedes ya saben, Mercy y yo nos encontramos en nuestro año de promoción misionero. Mientras viajamos a diferentes lugares para compartir acerca de nuestro ministerio, frecuentemente nos hacen preguntas. Una pregunta que se nos hace con regularidad es ‘ ¿cuán peligroso es de veras en México’? Debido a toda la cubertura en las noticias de la violencia terrible que está ocurriendo en México, hay una tendencia de pensar que México es un lugar muy peligroso. La verdad es que partes de México son muy peligrosas. Hay áreas presentemente en donde existe un terrible sufrimiento. Afortunadamente el lugar en donde nosotros servimos en Mexicali, ha estado básicamente libre de este tipo de violencia y no nos sentimos en peligro. A veces bromeando con grupos de misión a corto plazo les digo que “si desean encontrar problemas, probablemente le pueda ayudar a encontrar esos problemas”. Pero usualmente todo está bien.
Hay una tendencia de pensar que una vez que nos encontramos en los estados unidos, que estamos automáticamente más seguro. Hay un sentido de orden y estabilidad aquí que nos lleva a pensar de esta manera. Entonces ocurre algo que nos recuerda que quizás eso es completamente cierto. Para nosotros, fue una llamada alarmante que recibimos hace dos semanas de la escuela de nuestro hijo más pequeño Joshua informándonos que había ocurrido una tragedia envolviendo a la ‘comunidad escolar’, y que los niños vendrían con información. Una hora después de esa llamada, recibimos una segunda llamada personal de parte de la secretaria de la escuela informándonos que la maestra de Joshua fue abaleada y muerta camino a la escuela.
Según nos enteramos después, la maestra había sido víctima de un episodio de violencia doméstica. Fue abaleada y muerta por su esposo/compañero quien luego procedió a cometer suicidio todo en la presencia de su pequeño hijo de diez años. Afortunadamente, el niño no fue herido físicamente.
La ciudad entera de El Centro ha estado lidiando con esta tragedia durante las últimas dos semanas. Hubo un funeral muy grande para la maestra. Los niños crearon un memorial sencillo en el portón de la escuela. Las señales de apoyo de parte de la comunidad han sido tremendas. Pero un punto debe ser reforzado, “estas tragedia ocurrió aquí”. No estamos exentos de la violencia.
Y eso me lleva hacia otro punto, esta tierra, nuestro país, necesita ver señales de esperanza. Mercy y yo fuimos comisionados por ustedes y otros hermanos y hermanas en Cristo para proclamar el evangelio. Fuimos invitados a colaborar con la convención en México para ayudarles en la plantación de iglesias, para que las Buenas Nuevas puedan ser extendidas a muchos lugares. Y hemos visto ejemplos de esas Buenas Nuevas que en verdad y en hechos ha transformado individuos, familias y vecindades.
Pero a la misma vez que las Buenas Nuevas son proclamadas en lugares como México, somos recordados que esta tierra, nuestro país necesita ver esperanza. Cuando se hace común escuchar de otro incidente de violencia doméstica que deja quebrantada a una familia y una comunidad, necesitamos ver esperanza.
Todos hemos sido llamados por Dios para ser agentes de transformación en nuestro mundo. Algunos empacamos nuestras cosas y nos vamos a México. Otros van hacia los barrios pobres y caseríos. Algunos lo hacen desde sus sillones mecedores mientras ellos aman a los niños que han “adoptado” para darles una ayuda a los padres y madres estresados por la vida. Existen muchas formas en que podemos hacer esto. Pero hace dos semanas, fuimos recordados que esa misión nos pertenece a todos, porque cada parte de nuestro mundo necesita ver esperanza, y nosotros somos los llamados para hacerlo.
Que nuestro Dios les anime a ustedes para actuar con esa llamada que hemos recibido, y que podamos encontrar una forma de ayudar a transformar nuestro mundo en el nombre de Cristo. Que seamos esa fragancia de Dios para vida, el mundo necesita esa aroma celestial.
Rick
A pesar de que nos encontramos en nuestro anno de promocion misionero, pudimos ver a nuestros hermanos de Mejico y entregarle unas maquinas de cocer para un proyecto comunitario. Vease la foto.

