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¡...y entonces, cantó!

August 16, 2011 Journal
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¡... Y entonces cantó!

(This is the Spanish version of the previous communication)

Mis queridos hnos/as:

Les comparto la versión en español de la comunicación anterior dando gracias a Dios por el privilegio de servir y por los hnos/as como ustedes que nos ayudan a compartir el quehacer de Dios. ¡Gracias!

Lindberg, un joven maya de Tacuba, se reconcilió con el Señor, y el día de hoy, el último día del campamento de la juventud, cantó al Señor delante de 300 personas. Cantó con su corazón y nos movió a todos a la alabanza.

¡Jóvenes, jóvenes y más jóvenes en todas partes! Imaginen más de 150 jóvenes mayas juntos en medio de las montañas altas de Chiapas en la ciudad natal de Eleazar, Zapata, intentando entender la realidad de la migración que les perjudica a ellos y a sus familias; y la verdad de un Dios que conoce esta realidad, y que trabaja con ellos para cambiarla.

La migración fue el tema que los jóvenes seleccionaron para este campamento. Y, ¡oh por Dios, vaya tema difícil de desarrollar con todas sus implicaciones políticas, económicas, sociales y por supuesto las del corazón! Soñábamos con todo lo que iba a suceder, pero casi no lo logramos. Tres semanas antes, Zapata, pueblo maya tzeltal de unas 500 personas a tan sólo 45 minutos subiendo desde Tzajalá, y Tzajalá con cerca de 1,700 habitantes entraron en un enfrentamiento que amenazaba provocar un conflicto regional.

El municipio de Yajalón tardó demasiado en pavimentar el camino de Tzajalá a Zapata. Desde hace más de 6 meses, retrasos en los materiales, la política y la corrupción mantuvo el camino incompleto y difícil de viajar creando incomodidad y roces entre las comunidades. Entonces una familia de Tzajalá resultó herida en un robo a mano armada, dos murieron. Se comentó que los culpables eran de Zapata. Lo siguiente que sucede es que Tzajalá cerró el camino, pidió impuesto a cada vehículo que iba a Zapata y estableció vehículos para transportar  la carga de Tzajalá a Zapata cobrando tarifas exorbitantes. Esto creó dificultades a Zapata que sintió la escasez de alimentos (los camiones no querían pagar los impuestos, ni la tarifa del transporte de mercancías a Zapata) e incluso cuando se empezó a mover la mercancía desde Tzajalá a Zapata, a pie y en mula, habían cosas demasiado pesadas para llevar a cuestas.

Por eso, Zapata cortó el agua que iba a Tzajalá. Después de 3 días sin agua el pueblo de Tzajalá estaba listo para invadir Zapata. Enfurecidos y armados se reunieron cientos de personas en el centro de la comunidad. Se envió aviso a Zapata y una representación de seis personas fue a hablar con las autoridades de Tzajalá, representando todos los grupos políticos y religiosos del pueblo. Entre ellos, Humberto, pastor bautista y padre de Eleazar. 

Cuando llegaron hallaron más de 200 personas, enojadas, gritando y amenazando con lincharles por lo que hicieron. Humberto, manteniendo a su propio grupo en la calma, dio la palabra de sabiduría y la palabra de paz. Habló con las autoridades de tal forma que reconocieron su propia responsabilidad en el conflicto al castigar al pueblo de Zapata por delitos de personas que aún no se sabía quiénes eran. Habló de las relaciones familiares que mantienen a Zapata y a Tzajalá unidos. Habló sobre el gobierno, el verdadero culpable de muchos problemas comunitarios al quitarles sus recursos y hacerlos pelear por las migajas. Los invitó a hacer un frente común para ir a la oficina del gobierno de la municipalidad y presionar para terminar la carretera. Estuvieron de acuerdo. El pase libre y el agua fueron restaurados, y ambas comunidades trabajaron como una sola. Les tomó dos semanas el lograr resultados por parte del gobierno y calmar a los pocos que no querían la reconciliación.

¡Todo esto pasó dos semanas antes del campamento! A algunos de ustedes les pedimos oración. Mientras tanto, nosotros también orábamos, esperábamos y creímos la palabra de Humberto de que todo saldría bien. Confiábamos en Humberto, en su liderazgo y en el testimonio de esta iglesia, porque hemos trabajado con ellos, hemos compartido su comida y su casa, y nos hemos convertido en familia. Por lo tanto, fuimos a Zapata con todos estos jóvenes. Y, vimos a Dios trabajar de manera asombrosa.

El campamento terminó. Sin embargo, el toque del Espíritu persiste, y nos mantiene a todos hablando y compartiendo las cosas buenas que pasaron. Muchos se reconciliaron, otros se acercaron a Jesús, otros reconocieron y reafirmaron su llamado al ministerio.

¡Nuestros líderes jóvenes, estudiantes del seminario; fruto de campamentos anteriores destacaron de manera increíble! Bonifacio, Mariano y Aurelia predicaron con poder y unción. Eleazar y Matías organizaron espectacularmente los eventos. Susana, María del Carmen, Magdalena, Marbella, Noé y Pedrito dirigieron cultos y devocionales con entrega. ¡Joselyn y Adrian, dos puertorriqueños con llamado a las misiones, acompañaron a los jóvenes y nos dieron un par de manos muy, pero muy necesarias!

Todos recibimos bendiciones, porque la paz se logró en este lugar. La paz puede ser evasiva en ocasiones. Pero la paz también nos llama desde lo más profundo de nuestra fe, la fe en Jesús, en los que están bajo nuestro cuidado y en aquellos que se preocupan por nosotros. La paz es una canción que en medio del conflicto, espera. La paz llama a la fe en nosotros, en nuestros compañeros de trabajo, y en nuestra familia cristiana.

Alabamos a Dios por ti, porque tú eres parte de la maravillosa familia maya, puertorriqueña, americana y mundial que Dios nos ha dado a todos/as, para compartir, nutrir y cuidarnos mutuamente. ¡Gracias por tu solidaridad y por tu gran amor, amor que da frutos sorprendentes para Dios!

Dios sk'oltaesh amatanik! ¡Dios bendiga tus dones!

Doris y Ricardo